Gastos compartidos
Reparte lo que pagas con otras personas y lleva la cuenta de quién debe qué, sin que nadie más tenga que registrarse
En Gastos compartidos hay dos cosas, y conviene distinguirlas porque se usan en momentos distintos.
- Dividir un gasto es una acción sobre un gasto concreto: la cuenta del restaurante. Se reparte y se acabó. No creas ni bautizas nada.
- Una cuenta de gastos compartidos es un contenedor con nombre: «Lisboa 2026», «Piso de Goya». Vais apuntando y se salda al final.
Un viaje y un piso no son dos conceptos distintos: son la misma cuenta compartida, con y sin fecha de fin. Si no lo tienes claro, empieza dividiendo un gasto: si acabáis apuntando más, se convierte en cuenta compartida.
Crear una cuenta compartida
Sólo se te preguntan cosas de tu situación, no del modelo: el nombre, si esto tiene final, quiénes participáis y si tenéis una cuenta bancaria en común. De ahí Cuéntamo deduce lo demás.
Si la cuenta dura y además sois más de dos o hay una cuenta bancaria real, se le crea su propio libro. Es lo correcto: la cuenta conjunta de un piso es una entidad aparte —entra dinero de varios, salen alquiler y recibos—, no un trozo de las finanzas de nadie. Así su saldo no se mezcla con el tuyo. Te avisamos cuando pasa; no tienes que decidirlo tú.
La divisa se fija al crear y no se puede cambiar después: cambiarla invalidaría los importes ya apuntados.
Añadir participantes: sólo el nombre
Para añadir a alguien basta escribir su nombre. No hace falta su email, ni su teléfono, ni que use Cuéntamo. Como no guardamos dónde escribirle, la app no manda invitaciones: las compartes tú, que es lo que haces igualmente al pegar el enlace en el grupo de WhatsApp.
Y es un solo enlace para todos. Quien lo abre elige quién es de la lista, y a partir de ahí su móvil lo recuerda. Si se apunta alguien a última hora, tiene un «Soy otra persona» para añadirse sin molestarte.
En la lista de participantes ves quién ha entrado y quién aún no ha abierto el enlace, que es lo que te dice a quién tienes que insistirle.
Dos reglas que conviene saber: quien entra nuevo no cambia el pasado (los gastos ya repartidos se quedan como están), y a quien ya tiene gastos no se le borra, se archiva: borrarlo dejaría el reparto descuadrado.
Apuntar un gasto
Son tres campos: importe, concepto y quién pagó. El reparto es a partes iguales por defecto y aparece como una línea informativa —«entre los 4 · 9,50 € cada uno»— que puedes tocar si hace falta otra cosa.
Ahí se abre el reparto de dos columnas, que es lo que hace falta cuando en el restaurante cada uno pone lo que puede: una columna para lo que puso cada uno y otra para lo que le toca. Son cosas distintas —puedes poner 40 y que te toquen 50— y las dos tienen que sumar el total. Si no cuadran, te lo decimos mientras escribes («faltan 20,00 €»), no al aceptar.
Qué ves y qué se apunta en tus cuentas
Mientras la cuenta está abierta, en tu libro aparece una sola línea: tu posición neta viva, que se actualiza en cuanto alguien apunta algo. Eso ya cuenta en tu patrimonio y, con la fecha de cierre, en tu previsión.
Los gastos no bajan uno a uno a tu lista de movimientos: un viaje de treinta gastos la inundaría de apuntes minúsculos. El detalle baja al cerrar.
Cerrar el ciclo y saldar
Al cerrar, la posición se convierte en apuntes de verdad en tu libro: tu parte se reconoce como gasto tuyo con su categoría, y lo que te deben o debes queda en las cuentas de deudas de cada persona. La confirmación te dice exactamente qué va a pasar antes de tocar nada, y se puede deshacer con Ctrl+Z.
Lo importante de fondo: el reparto no inventa gasto, corrige la atribución de dinero que ya se movió. Si pagaste 400 € de hotel pero sólo 100 eran tuyos, tu gasto son 100 y los otros 300 son deuda a tu favor.
En una cuenta sin fecha de fin (un piso), cerrar un mes abre el siguiente solo: siempre tenéis dónde apuntar.
Para saldar, Cuéntamo propone la forma más simple de hacerlo, con una lista de quién le paga a quién. Puedes repartirlo de otra manera si el grupo lo prefiere. Y si tenéis una cuenta bancaria en común, no se salda con personas: se ingresa en el bote, y la importación reconocerá el ingreso sola.
La cuenta bancaria común (el bote)
Si el grupo tiene una cuenta bancaria de verdad a la que todos ingresan y de la que salen los gastos, dilo al crear la cuenta compartida y Cuéntamo te crea la cuenta dentro del libro de esos gastos compartidos, no dentro del tuyo. Luego apuntas ahí la importación del banco y ya no tienes que teclear casi nada: los movimientos entran solos.
Que la cuenta viva en ese libro aparte no es un detalle: si estuviera en el tuyo, tu saldo, tu patrimonio y tu previsión contarían como tuyo el dinero de los demás. Ahí dentro no contamina nada, y lo que sí es tuyo —tu posición— lo ves igual.
El bote aparece como un participante más, pero no es una persona: no debe ni le deben. Paga los gastos y recibe las aportaciones, así que lo que ves junto a su nombre es el dinero que debería haber en el banco. Si no cuadra con el extracto, falta algo por apuntar.
Lo que llega del banco se queda en «Movimientos del bote sin asignar» hasta que alguien dice qué es, porque sólo quien estuvo allí lo sabe:
- Una salida es un gasto: se reparte entre las personas (el bote no consume).
- Una entrada es la aportación de alguien: dices de quién es y se le apunta a su favor.
Dejar algo sin asignar no descuadra nada —el saldo lo manda el banco—, pero se queda fuera del reparto. Por eso, al cerrar el ciclo, Cuéntamo te avisa de lo que sigue pendiente antes de convertir nada en apuntes.
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